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NIÑOS

Niños

EVALUACIÓN DE LA INTELIGENCIA

Disponemos de diferentes escalas, para evaluar en profundidad la capacidad intelectual y las aptitudes importantes, para el aprendizaje.

Son adecuadas para detectar poblaciones especiales como “dificultades específicas de aprendizaje”, “retraso”, “altas capacidades”, etc…

Permiten la evaluación de los puntos cognitivos fuertes y débiles del niño, así como los procesos subyacentes deficitarios relacionados con el razonamiento, la memoria, la capacidad viso-espacial y la comprensión verbal.

Cubren todas las etapas escolares, desde la educación infantil al bachillerato.

Para eso y bachillerato, utilizamos cuestionarios para evaluar la orientación y vocación profesional.


TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN. HIPERACTIVIDAD

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad se caracteriza por la presencia de algunos de los síntomas de desatención, hiperactividad e impulsividad que se exponen a continuación.

En cuanto a la desatención, el niño puede tener dificultades para mantener la atención en tareas o actividades lúdicas y se distrae con estímulos irrelevantes, presta muy poca atención a los detalles y comete errores por descuidos en tareas escolares u otras actividades.

En ocasiones puede parecer que no escucha cuando se le habla directamente, no sigue instrucciones y no finaliza las tareas escolares.

También tiene dificultades para organizar tareas o actividades y le disgustan o las evita si éstas requieren de esfuerzo mental sostenido.

Puede perder objetos que son necesarios para realizar tareas o actividades.

Respecto a la hiperactividad, el niño puede mover manos y pies en exceso, dando la sensación de que tenga un “motor” o “esté en marcha”. Puede hablar en exceso, abandonar su asiento en situaciones que requieren que esté sentado (por ejemplo, en el colegio), o saltar y correr en situaciones en que es inapropiado.

En cuanto a la impulsividad, puede presentar dificultades para guardar turno, precipitar respuestas antes de haber completado las preguntas, e interrumpir o inmiscuirse en las actividades de otros.

Nuevo tratamiento: neurofeedback


NEGATIVISMO, DESOBEDIENCIA, AGRESIVIDAD

La conducta desobediente o trastorno negativista desafiante, se caracteriza por un patrón de comportamiento hostil que da lugar a discusiones con los adultos, desobediencia, berrinches y pataletas.

El niño en ocasiones puede desafiar a los adultos y rehusar cumplir sus demandas.

Puede molestar deliberadamente a los demás, acusarles de su mal comportamiento, y a veces actuar de forma rencorosa y vengativa.

Las conductas desobedientes del niño aparecen con mayor frecuencia en compañía de personas que le son familiares que con individuos desconocidos.

En un alto porcentaje, los niños que presentan conductas desobedientes sufren también un trastorno por déficit de atención con hiperactividad.

La conducta desobediente en los niños es la más estable de las psicopatologías infantiles, constituyendo el marcador más significativo de riesgos académicos y sociales en etapas más avanzadas del desarrollo como por ejemplo el trastorno disocial.

La agresividad infantil constituye, junto con la desobediencia, una de las principales quejas de padres y educadores respecto de los niños, dándose con frecuencia unidos ambos tipos de problemas. Sin duda uno de los principales problemas presentados por la agresividad infantil es su elevada correlación con trastornos equivalentes adultos, especialmente los relacionados con la conducta antisocial.

Un comportamiento excesivamente agresivo en la infancia predice no sólo la manifestación de agresividad durante la adolescencia y la edad adulta, sino la exdistencia de una mayor probabilidad de fracaso académico y de la existencia de otras patologías psicológicas durante la edad adulta, debido fundamentalmente a las dificultades que estos niños encuentran para socializarse y adaptarse a su propio ambiente.

Con el término conductas agresivas nos referimos a las conductas intencionales que pueden causar daño ya sea físico o psicológico. Conductas como pegar a otros, burlarse de ellos, ofenderlos, tener rabietas (del tipo de arrojarse al suelo, gritar y golpear muebles por ejemplo) o utilizar palabras inadecuadas para llamar a los demás generalmente se describen como conductas agresivas.

Para evaluar el comportamiento agresivo del niño podemos utilizar técnicas directas, como observación natural, análoga y autorregistro y técnicas indirectas como entrevistas, cuestionarios contestados por padres y maestros y autoinformes.
Tratar la conducta agresiva no implica simplemente su reducción o eliminación, sino que también es necesario fortalecer comportamientos alternativos a la agresión.


AISLAMIENTO Y TIMIDEZ

Los niños que no logran interactuar con sus compañeros cuando están en un ambiente determinado, como en una guardería, donde se espera o se estimula tal conducta han sido llamados niños retraídos, tímidos o aislados, y los padres frecuentemente expresan preocupación porque su hijo no tiene amigos.

En adultos se han identificado dos clases de miedos, que también aparecen en niños: a los desconocidos y a la evaluación social.

Tratamiento

Algunos puntos que se deben incluir en el tratamiento para niños tímidos son: iniciación de conversaciones y contactos interpersonales, participación en juegos y actividades de grupo, asertividad, autoconcepto y autoestima.


DEPRESIÓN INFANTIL

La depresión infantil comparte la misma base fenomenológica que la depresión en la edad adulta, pero se diferencia de ésta en lo que se refiere a la expresividad y frecuencia con que tienen lugar algunos síntomas.

Por ejemplo, en el caso de los niños la tristeza puede reemplazarse por irritabilidad. Síntomas como las afecciones somáticas o retraimiento social son mas frecuentes en los niños, mientras que la hipersomnia, el enlentecimiento motor o las ideas delirantes son mas comunes en adultos.

Otra diferencia respecto a la depresión adulta es una mayor frecuencia de la pérdida de apetito y de peso, así como también es más común una mayor agitación motora que un enlentecimiento motor respecto al periodo anterior a que el niño se mostrarse deprimido.

Otros trastornos que con frecuencia acompañan al trastorno depresivo y al distimico son los trastornos de ansiedad, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, la conducta desobediente y desafiante.

En las últimas generaciones, la prevalencia de los trastornos depresivos infantiles ha ido en aumento, lo que unido a la gravedad que supone debido al riesgo de suicidio (mas de la mitad de los adolescentes suicidas padecen un trastorno depresivo), los han convertido en objetivo terapéutico prioritario en los servicios sanitarios.


ENURESIS Y ENCOPRESIS


Enuresis

Consiste en la emisión involuntaria de orina a una edad en la que el niño debería haber adquirido la continencia urinaria, por ejemplo, a partir de 4 o 5 años, sin que exista ningún tipo de patología orgánica identificable.

Se habla de enuresis nocturna, cuando el niño orina en la cama mientras duerme, y enuresis diurna, mucho menos frecuente de forma aislad, en la que el niño orina estando despierto. También pueden coexistir ambos tipos en la denominada enuresis mixta.

Atendiendo al curso de la enuresis, se distingue entre enuresis primaria, cuando el niño nunca ha llegado a adquirir la continencia urinaria, y enuresis secundaria, cuando el niño ha llegado a controlar la micción.

Tanta enuresis primaria como secundaria responden por igual al tratamiento, sin embargo, es más probable la asociación con factores emocionales y sucesos estresantes en la enuresis secundaria.

La aparición o no de otras alteraciones dependerá del grado de incidencia de la enuresis en la autoestima del niño y de la reacción del entorno, tanto padres y cuidadores como compañeros.

Encopresis

La encopresis consiste en la falta de control sobre los mecanismos responsables de la evacuación intestinal a una edad en la que debería haberse adquirido, entorno a los 4 o 5 años, y en ausencia de patologías orgánica identificable. Como consecuencia, el niño evacua involuntariamente las heces en lugares donde no es adecuado hacerlo, por ejemplo, en la ropa o en el suelo.

La encopresis puede estar asociada a estreñimiento, en cuyo caso hablamos de encopresis retentiva. El estreñimiento puede contribuir a la aparición de encopresis en la medida en que dificulta la habilidad del niño para identificar la llegada de heces al área rectal.

Al igual que la enuresis, se clasifica como encopresis primaria cuando el niño no ha adquirido el control voluntario de los mecanismos de evacuación intestinal, y como encopresis secundaria cuando el problema aparece después de que el niño hubiese adquirido la continencia rectoanal.

El niño con encopresis puede sentir vergüenza y evitar situaciones en las que anticipe un riesgo de consecuencias desagradables.

La posibilidad de aparición de otras alteraciones va a depender del grado de incidencia de la encopresis en la autoestima del niño y de la reacción de compañeros, padres y cuidadores ante el problema.


TRASTORNO DEL APRENDIZAJE

Los trastornos del aprendizaje se caracterizan por una serie de dificultades que afectan a la lectura, escritura o cálculo, que supone un serio obstáculo para el progreso normal del niño por su repercusión en los aprendizajes posteriores y en su rendimiento académico general, desencadenando, a largo plazo, efectos negativos sobre la autoestima, el autoconcepto y las relaciones sociales.

Tratamiento

La intervención se centrará, a partir de la evaluación del problema, en varios componentes como los procesos perceptivos, procesos léxicos, sintácticos y semánticos. 


TRASTORNO FONOLÓGICO

El trastorno fonológico es una de las alteraciones del habla más comunes en los niños. Se presenta entre los 3 y los 5 años de edad y consiste en la incapacidad para utilizar los sonidos del habla evolutivamente apropiados para la edad y el idioma del sujeto.

Tratamiento

Se programa en función del diagnóstico realizado y áreas afectadas (anatómica, fonética y fonológica). Se establecen objetivos específicos para cada niño y para cada una de ellas, priorizando aquellos que incidan en mejorar la inteligibilidad del habla, en reducir los problemas de comunicación y evitar los problemas emocionales que puedan surgir como consecuencia del trastorno. También se tiene en cuenta la relación de las dificultades fonológicas con problemas de aprendizaje de lectura y escritura en la edad escolar.

La terapia se centra en actividades de juego que permitan al niño participar y descubrir los procesos por sí mismo. Las sesiones se plantean manteniendo la comunicación como objetivo prioritario e incitando al niño a colaborar activamente.


NEUROPSICOLOGÍA

El neuropsicólogo clínico es un profesional de la salud dentro del campo de la psicología, cuyas funciones son la evaluación, diagnóstico, tratamiento y/o rehabilitación de aquellas funciones cognitivas, conductuales y emocionales que hayan podido verse afectadas debido a trastornos derivados del daño cerebral, ya sea su origen congénito, adquirido o degenerativo.

El neuropsicólogo clínico utiliza uno o más procedimientos, técnicas o test psicológicos, neurológicos, cognitivos, conductuales o fisiológicos para evaluar las destrezas y alteraciones cognitivas, emocionales y conductuales y su relación con el funcionamiento normal o anormal del sistema nervioso central, además de utilizar la información proporcionada por otros profesionales de la salud para identificar, planificar y aplicar estrategias de intervención.

Los problemas o patologías que atienden van desde accidentes cerebrovasculares, neoplasias, infecciones y procesos inflamatorios del SNC, alteraciones degenerativas, traumatismos craneoencefálicos, alteraciones relacionadas con la desmielinización, deterioro cognitivo, alteraciones del aprendizaje, así como las relacionadas con la medicina general o la cirugía.
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